INFECCIONES VAGINALES

El canal genital está abierto al exterior y no existen barreras mecánicas que impidan el acceso de los gérmenes. La oclusión del introito por los labios mayores y menores de la vulva, así como el hecho de que la vagina es una cavidad virtual constituyen mecanismos de defensa ante la infección.

En la vagina existe además una flora microbiana protectora que impide el desarrollo de otros gérmenes.

La infección vaginal es un problema serio

La vaginitis es la infección de la vagina causada por diferentes tipos de microorganismos. Se trata de un trastorno muy común: todas las mujeres suelen padecerlo al menos una vez en la vida.

Se debe en general a la alteración de la flora vaginal normal, permitiendo el crecimiento y la proliferación de microorganismos que dañan la mucosa.

Se manifiesta en formas diversas según el germen implicado en la infección. El prurito, el ardor, el enrojecimiento vulvar, el aumento de la cantidad de flujo vaginal y la alteración de sus características normales pueden indicar la presencia de vaginitis.

La vaginitis es un problema serio y puede ser fuente de contagio para la pareja sexual. Es importante la consulta temprana con un especialista que indique cuál es el tratamiento adecuado.

Algunos consejos para la prevención

La atención especial a los hábitos e higiene personales puede significar una barrera ante las infecciones vaginales. Debe evitarse el uso de ropa interior sintética. Los materiales de tipo lycra dificultan la evaporación del sudor manteniendo la zona genital húmeda. Este hecho favorece la inflamación e infecciones genitales.

Elija siempre ropa interior de tejidos naturales (algodón, por ejemplo) que favorecen la ventilación y la evaporación del sudor, principalmente en el verano cuando la incidencia de las infecciones genitales aumenta.

Recomendamos suprimir el uso de duchas vaginales, si es su costumbre, así como el empleo de sprays. Estos procedimientos “barren” con la flora normal que protege la vagina del ingreso de otros gérmenes, a la vez que posibilitan el ascenso hacia esta zona y el útero de microorganismos provenientes de la zona anogenital.

La higiene de la vulva deberá hacerse con agua y jabón (suave). Elija jabones poco perfumados o neutros para evitar la aparición de procesos alérgicos o irritativos de los genitales externos.

Las toallas higiénicas perfumadas y los tampones pueden causar irritación vulvar y favorecer las infecciones vulvovaginales.

Mantenga sus genitales frescos y libres de humedad. Evite las pantimedias y los pantalones muy apretados. No se deje puesto el traje de baño húmedo.

Asegúrese siempre, después de la defecación, de asearse de adelante hacia atrás. La limpieza en sentido contrario favorece la colonización vulvovaginal por gérmenes provenientes de la zona anal.

Cualquier cambio de su flujo vaginal, o la aparición de comezón o malestar, amerita que sea investigado.

Acuda a la consulta ginecológica para determinar cuáles estudios son los apropiados para usted.

No utilice medicamentos ni otros procedimientos terapéuticos por su cuenta. Un tratamiento adecuado requiere la posibilidad de un diagnóstico certero. Ciertos compuestos medicinales de uso local o sistémico pueden modificar los resultados de los exámenes de diagnóstico habituales, dificultando así el manejo terapéutico.

Es importante informar a la pareja de la mujer que padece una infección genital acerca de la necesidad de un tratamiento conjunto. Cuando únicamente se trata a la paciente infectada, existe una elevada posibilidad de reaparición de la infección a causa del contacto sexual.